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Gracias por leer mis relatos cortos. Magia, aventuras, fantasía... ingredientes que forman parte de estos relatos que han surgido de mi imaginación. Aventuras épicas en un mundo fantástico habitado por diferentes razas y numerosas criaturas. Todos estos relatos están relacionados, más o menos, con un libro que estoy escribiendo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Justicia Oscura

     Unas cuevas tenebrosas, en las raíces de las montañas de Kymylô, ocultaban el camino que llevaba a las ruinas de un castillo sombrío. Era gobernado por un terrible ser de los infiernos, de nombre Seprêx, y su ejército de Subûcs. Su poder se creía reducido a la nada tras ser derrotado, pero los habitantes de las aldeas cercanas profesaban que todavía seguía vivo, ya que, de vez en cuando y por la noche, desaparecían algunos infantes que esclavizaban para rehacer el castillo de su dueño. Cuando llegó a oídos de Arkêl, una guerrera marcada por la oscuridad, se dirigió al pueblo más cercano que hacía poco que los Subûcs habían saqueado. Un espasmo de ira cruzó velozmente la cara de la guerrera y se encaminó a las cuevas. La tarde se acercaba a la noche cuando se adentró en las cavernas. En un punto de encuentro de diferentes pasajes, Arkêl se quedó inmóvil, como si intentara escuchar ruidos que parecían no oírse y finalmente se decidió por uno. Éste la llevó a una enorme cámara interior cruzada por un río de fuego. Para atravesarlo había un puente que llevaba a las ruinas del castillo. De repente aparecieron unas decenas de Subûcs, surgiendo de todos los rincones, que corrían hacia ella a cuatro patas, como lobos rabiosos. Su expresión cambió al tiempo que desenvainó sus dos espadas. Gran técnica y poderío desprendían sus movimientos, dejando a su paso cuerpos sin vida. Finalmente salió Seprêx, con una gran espada dentada en una mano y una maza con dos bolas pesadas claveteadas. Era enorme, de unas tres yaktas de altura, corpulento, con un gran casco que cubría su cabeza y trozos de armaduras esparcidas por su cuerpo. Arkêl no se dejó impresionar y corrió hacia él con las espadas listas para atacar. El monstruo lanzó un terrible ataque, dirigiendo las bolas claveteadas hacia ella que, con un gran salto, esquivó el golpe girando sobre sí misma, pasando a la espalda del monstruo y clavándole las espadas, mientras caía, a la altura del corazón. En un instante su ira cedió el paso a una mirada de alivio al ver los niños capturados que corrían libres hacia ella, a la vez que oía caer el cuerpo sin vida de Sêprex al suelo.