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Gracias por leer mis relatos cortos. Magia, aventuras, fantasía... ingredientes que forman parte de estos relatos que han surgido de mi imaginación. Aventuras épicas en un mundo fantástico habitado por diferentes razas y numerosas criaturas. Todos estos relatos están relacionados, más o menos, con un libro que estoy escribiendo.

jueves, 26 de mayo de 2011

UN ESPÍRITU DE METAL

PARTE CINCO



            El guerrero misterioso giró la cabeza ligeramente hacia un lado, sin perder la perspectiva de los atacantes, como si calculara diferentes opciones... incluso de defensa.
             -Un hombre que no tiene miedo de morir por defender su familia y, al mismo tiempo, tener compasión de los que lo quieren matar, merece ser escuchado y respetado.- Con otro rápido movimiento de su brazo derecho, volvió a envainar la espada. El hombre que la tenía en el cuello tardó en reaccionar, como si no acabara de creerse que continuaba vivo. Hizo dos inspiraciones profundas y fue corriendo a protegerse entre el resto del grupo, mientras no paraba de tocarse el cuello.
            -¡Haced caso de lo que os dice, dejad tranquila a esta gente y marchaos!
             La voz, gastada pero con el peso de la sabiduría, procedía de atrás del todo del gentío. Estos se volvieron y vieron una persona de avanzada edad, con una larga barba gris que le ocultaba la boca, unos ojos de un tono pálido que parecían incoloros y muy cansados, vestido con una túnica verde decorada por los bordes con unos extraños símbolos negros y caminando pausadamente ayudado por una vara larga y pulida. Sin apartar la mirada, fija en la figura del guerrero, comenzó a pasar por el medio del grupo y estos se iban apartando para hacerle camino.
             -Ahora sí que lo aclararemos todo, “él” ya ha llegado.- Comentaban algunos en voz baja pero con un matiz general de alegría y, incluso, de alivio.
             -Al parecer, os he salvado. Este es un rival demasiado fuerte, incluso para todos vosotros juntos.- Decía, mientras el resto escuchaba respetuosamente. -Además, este misterioso guerrero tiene razón. Daremos el beneficio de la duda a esta familia y que sean los dioses quienes decidan, ¿qué te parece? - Propuso directamente al guerrero, dibujando una sonrisa con cierto sarcasmo.
             El hombre misterioso se acercó ligeramente al sacerdote y aproximó su cara a la del anciano.
            -El sepulturero podrá descansar... esta noche.
            Los ojos del sacerdote estaban ofendidos al oír aquella afirmación tan burlesca, pero se dirigió a la multitud invitándolos a regresar cada uno a su casa y así lo hicieron. Estos, sin prisas, tomaron el camino de vuelta al pueblo, con el sacerdote al final y, al cruzar la valla, hizo una última mirada a la familia.
            Cuando todo el mundo se había marchado, el hombre de la casa dejó a su mujer y a sus hijos en la entrada y se dirigió donde estaba su salvador, que continuaba observando la marcha de los atacantes hasta que desaparecieron entre la oscuridad de la noche. Al estar cerca de él, estiró el brazo derecho para poner la mano sobre el hombro y darle las gracias, pero el guerrero volvió la cabeza con un rápido movimiento del cuello al intuir que iba a tocarlo. El hombre, sorprendido por aquella reacción que parecía un poco agresiva, dejó el brazo estirado sin llegar al destino que tenía pensado de un buen principio y lo volvió a retroceder.


viernes, 13 de mayo de 2011

UN ESPÍRITU DE METAL

PARTE CUATRO


            -¿Quién eres tú? ¿Qué quieres, que te pones donde no te invitan? - Gritó un joven, señalando en dirección donde estaba el misterioso hombre.
            En la extensión del techo del dormitorio del ático se podía adivinar una sombra más oscura que el cielo sereno de la noche. Había aparecido de la nada, sin hacer ruido, sin nadie darse cuenta como se había encaramado allá arriba, como si fuera un espíritu surgido... no se sabe bien de dónde.
             Este, sin decir nada, dio un salto muy poderoso y cayó con potencia, clavando en el suelo una rodilla y el puño que tenía libre para equilibrar la caída. Se levantó una nube de polvo por el choque, como si hubiera caído una gran roca proveniente de los más altos los cielos. Se puso de pie, lentamente, pero con firmeza, quedando entre el gentío y la familia. Todo el mundo se quedó muy sorprendido, durante unos instantes nadie osaba decir una palabra hasta que empezaron a parlotear entre ellos.
             Uno de los hombres que formaban parte de la multitud continuó caminando hacia la casa, con una antorcha en una mano y una pala en la otra, sin hacer caso de la presencia de aquel enigmático hombre surgido de entre la oscuridad. El tiempo de abrir y cerrar los ojos el misterioso hombre desenvainó una de las espadas cortas que llevaba cruzadas en la espalda. Era delgada, de dos palmos de largo, dos dedos de ancho y la hoja muy afilada. La puso a la altura del cuello de aquel hombre que se atrevía a desafiarlo, con la afinada hoja frotando ligeramente la piel de tan vital parte del cuerpo de aquel osado, que le obligó a frenar en seco su avance.
             De entre la multitud surgieron gritos, algún chillido... El sonido del metal de la espada rozando la vaina, el latido del corazón acelerado de aquel hombre que notaba la hoja fría y afilada de la espada en su garganta y, de repente, el silencio...
             -Marchad, dejad tranquilos a esta familia.- Dijo con voz profunda, autoritaria, provocando al grupo de gente sin apartar la mirada para protegerse de movimientos sospechosos.
            Esperando la reacción de la multitud, no movió ni un músculo de su cuerpo, ni cuando el hombre de la casa atacada suplicó que no les hiciera daño.
             -¡Por su culpa ha caído una maldición terrible al pueblo, tienen que irse! - Gritaba un joven mientras señalaba con un palo en la familia.