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Gracias por leer mis relatos cortos. Magia, aventuras, fantasía... ingredientes que forman parte de estos relatos que han surgido de mi imaginación. Aventuras épicas en un mundo fantástico habitado por diferentes razas y numerosas criaturas. Todos estos relatos están relacionados, más o menos, con un libro que estoy escribiendo.

viernes, 17 de junio de 2011

UN ESPÍRITU DE METAL

PARTE OCHO


            Medía unas tres yaktas de altura y tenía cuatro ramas que utilizaba de tentáculos. Arriba de todo era como una flor ovalada, grande y aplanada, que cuando se abría dejaba ver un conjunto de dientes afilados, muy afilados. No paraba de moverse, serpenteando los tentáculos, como si estudiara la situación. Al ver aquel monstruo, Dlareg ordenó al niño ya su padre que se refugiaran en la casa. Se esperó un tiempo prudencial para que se pusieran a salvo y luego se encaró a su adversario, que se defendió con los tentáculos como si fueran espadas. El guerrero era muy rápido y hábil en sus movimientos, rechazando los ataques del monstruo.
             Dlareg empezó a notar un hormigueo que invadía sus piernas, lo que no le dejaba moverse con la misma agilidad que al principio. La planta continuaba acometiendo con fuerza, utilizando las raíces fuera del suelo para desplazarse. Dlareg se encontraba cada vez más cansado, los párpados le pesaban y la espada también (unas sensaciones desconocidas por el guerrero). En un fuerte ataque, la serobynak consigue hacer retroceder al guerrero y que este doble una rodilla clavándola en el suelo, abatido, sin poder entender lo que le pasa. La familia del mercader, desde la casa, observaba como su salvador está a punto de ser vencido por aquel monstruo y de repente, el hijo mayor se da cuenta que un gorrión sobrevolaba el lugar. Todo estaba a punto de terminar, todo... y de repente se oye una voz femenina que parecía surgir de las profundidades de las nubes como los truenos de las tormentas, retumbando en el aire:
            -¡Atkata alhob êd khof!
            En un punto del cielo apareció una luz que cada vez se hacía más grande, ya que se iba acercando. Era una bola de fuego que cayó e impactó sobre la planta, provocando una pequeña explosión que su onda expansiva tumbó una parte de la valla más cercana e hizo temblar los cristales y algunos objetos de la casa. Al desaparecer el humo y el polvo que había provocado la colisión se pudieron ver los restos del monstruo, abrasado, y Dlareg tendido en el suelo, respirando con dificultad. El mercader y su familia parpadeaban para deshacerse de los puntos brillantes que veían por culpa de la explosión y recuperar la normalidad del sentido del oído. La mujer hizo notar al resto la presencia de otro ser que levitaba en el aire rodeado de un aura muy brillante. Este iba descendiendo lentamente hasta tocar, primero con un pie y luego con el otro, suavemente el suelo.