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Gracias por leer mis relatos cortos. Magia, aventuras, fantasía... ingredientes que forman parte de estos relatos que han surgido de mi imaginación. Aventuras épicas en un mundo fantástico habitado por diferentes razas y numerosas criaturas. Todos estos relatos están relacionados, más o menos, con un libro que estoy escribiendo.

viernes, 10 de junio de 2011

UN ESPÍRITU DE METAL

PARTE SIETE


            Los dos hombres se quedaron solos en el comedor, con la única compañía de la chimenea encendida.
             -¿No cree en los dioses, Dlareg? - Preguntó Oksyk, imaginándose la respuesta.
             -Digamos que más de una vez me han hecho dudar.- Las respuestas siempre eran en el mismo tono seco y autoritario.
             El mercader le miró de arriba abajo y, no hacía falta decirlo, que todavía estaba un poco atemorizado al ver aquel arsenal de armas con cuerpo humano. Y no era para menos, ya que Dlareg llevaba tres dagas pequeñas ligadas a cada bota, un pesado cinturón ancho de cuero con una espada larga y delgada colgada en el lado izquierdo y una funda con proyectiles de astellab en el lado derecho, dos cinturones cruzados al cuerpo donde llevaba dos espadas cortas a la espalda y unas botellas pequeñas de diferentes colores delante y, a todo ello, añadir el astellab. La verdad es que daba la impresión de ser un guerrero temible. Dlareg sabía que su imagen no era muy amigable que digamos, pero eso no le preocupaba demasiado. Era un luchador que hacía muchos eclipses que caminaba por la Tierra de Sadrap, expulsado de su tierra y rechazado por los suyos, es por ello que entendía muy bien la preocupación que sentía aquella familia, repudiados por los de su propia raza.
             La mujer salió de la cocina con una bandeja llena de comida y, al mismo tiempo, se oyó un grito infantil.
             -¡Es mi hijo...!- Gritó, mientras la bandeja deslizaba de sus manos y aterrizaba en el suelo del comedor.
              Oksyk y Dlareg corrieron hacia el patio, en la parte trasera de la casa, donde tenían un pequeño huerto y de donde provenían los gritos. Al salir fuera vieron el niño mayor sentado en el suelo y tapándose los ojos con las manos. Corrieron hacia él y al estar cerca vieron su rostro invadido por una expresión que les indicaba la existencia de peligro. Se veía el temor que transmitían sus ojos y tenía la mirada perdida en una dirección. Mientras su padre intentaba calmarlo, Dlareg se volvió donde miraba el niño y vio una enorme serobynak que había surgido en medio de las plantas del huerto.