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Gracias por leer mis relatos cortos. Magia, aventuras, fantasía... ingredientes que forman parte de estos relatos que han surgido de mi imaginación. Aventuras épicas en un mundo fantástico habitado por diferentes razas y numerosas criaturas. Todos estos relatos están relacionados, más o menos, con un libro que estoy escribiendo.

jueves, 2 de junio de 2011

UN ESPÍRITU DE METAL

PARTE SEIS


            -¿Por qué no invitas al señor a pasar? - Dijo la mujer con mucha amabilidad y agradecimiento en sus palabras.
             El salvador misterioso giró todo el cuerpo, sin decir nada y mirando fijamente aquella mujer con sus hijos aún cogidos de la mano y el miedo grabada a sus inocentes rostros.
             -Por favor, señor, acepta nuestra humilde hospitalidad...- Dijo el hombre, aún con la voz un poco temblorosa por todo el susto.
             El guerrero empezó a caminar hacia la puerta, dando a entender que aceptaba la invitación. Sus pasos, el movimiento de su cuerpo al caminar, desprendían mucha seguridad. Cuando pasó junto a la mujer, ésta le dijo:
            - ¿Cuál es su nombre, señor? Es para conocer un poco a nuestro salvador.
             Durante unos instantes se quedó quieto, pensativo, con las facciones serias de su rostro fuertemente arraigadas. Entonces fue cuando la mujer pudo observar lo que parecía una cicatriz en el lado derecho de la cara, entre el ojo y la nariz, que empezaba en la frente y terminaba junto a los labios.
             -Dlareg.- Contestó finalmente, de manera concisa.
            Al entrar en la casa lo invitaron a sentarse mientras la mujer fue en la despensa para preparar la mejor comida y la mejor bebida para su invitado. Él, mientras tanto, estuvo un rato observando la estancia, humilde, nada ostentosa pero sin faltarle nada. De pronto aquel hombre se presentó, dijo que su nombre era Oksyk y que trabajaba de mercader, concretamente de una clase de especia que se cultiva en el pueblo de Kynosan, al otro lado de la bahía y que él iba a comprar allí con su barca y luego la ponía a la venta en el mercado del pueblo. Habían pasado unas sesenta lunas desde que se habían instalado en aquella aldea y que se dedicaban al comercio. Poco después de su llegada es cuando aparecieron las serobynaks en los campos. Enseguida la gente culpó a ellos de la aparición de aquellos monstruos y lo atribuyeron a una maldición de los dioses por su presencia en el pueblo.
             Dlareg no entendía nada: ¿cómo puede ser que la presencia de un simple mercader provocara tal alboroto? ¿Qué relación podía tener su comercio de aquella especie que se cultivaba en otro pueblo con que aparezcan aquellos monstruos? En un principio no tenía ningún sentido, pero después Oksyk le dijo que un día apareció una persona que le daba muchos àkoks para comprarle su ruta y él no aceptó. "Puede que sí haya alguna relación..." Pensó Dlareg, al tiempo que se dio cuenta que los dos niños no apartaban sus ojos de él.
             -Señor, ¿hubiera matado aquel hombre si no le hubiera hecho caso? - Preguntó el mayor.
             Él bajó la vista para mirarle, aunque no vieran con claridad su cara por la capucha y contestó sin dudarlo:-¡Sí!
            -Mi padre siempre dice que no hay que hacer daño a la otra gente y mucho menos quitarle la vida, que eso es cosa de los dioses .- Dijo el más pequeño, mirando con curiosidad la astellab que llevaba cogida en la mano izquierdo.
             -Pero si los dioses se equivocan al dar la vida a seres despreciables, alguien lo tiene que solucionar.
            Esta fue una afirmación que dejó helados a los dos niños y a su padre, que entendió que no sería muy buena para sus hijos la influencia de aquel guerrero, es por ello que les dijo que fueran a su cuarto para que entraran en el mundo de los sueños. Los dos niños obedecieron a su padre sin protestar y cuando estaban a media escalera para subir a las habitaciones el más pequeño se detuvo, se giró para mirar a Dlareg y le dio las gracias con una gran sonrisa, para continuar el camino a su cama.

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